tu imprenta

tu imprenta
Creando su mejor impresión
Mostrando entradas con la etiqueta La brasa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La brasa. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de febrero de 2012

LA BRASA



En la cumbre más cumbre del volcán, allá donde la tierra deja de subir buscando a Dios; allá donde las nubes se detienen a descansar, Pablo Melara había parado su rancho de carbonero. Medio rancho, medio cueva, en una falla del acantilado aquel nido humano se agazapaba. De la puerta para afuera, empezaban las laderas a descolgarse, terribles, precipitadas; en deslizones bruscos; abismándose, rodando, agarrándose aflegidas. Los pinos, enormes, eran nubes obscuras entre las nubes; humazos negros entre la niebla. Mecían al viento, lentamente, sus enormes cabezas, como si oyeran una música dulce, salida de lo gris y de lo frío. Las ramas chiflaban tristemente, llevando en ritmos nasales una melodía de inmensidad. Era la cumbre una isla en el cielo; y el cielo, un mar de viento. En las noches tranquilas, como por alta mar, pasaba silenciosa la barca de la luna nueva. A veces el horizonte fosforecía.

El carbonero iba apilando los leños, en pantes enormes. De cruz en cruz, formaba una torre; como un faro que, en las noches largas, llenas de ausencia, ardía, ardía rojo y palpitante, señalando el rumbo a los barcos de silencio con sus grandes velámenes de sombra.

Solo y negro en la altura, el carbonero iba viviendo como en un sueño. Tenía un perro mudo y una gran tristeza. Acurrucado y friolento, encendido siempre el puro y el corazón, se estaba allí mirando el abismo, sin remedio.

Como a los pantes de leña oscura, la brasa del corazón le iba devorando las entrañas; y aquel resplandor de misterio se le iba subiendo a la concencia.

Una noche, aflegido, lió sus trapos y se marchó pá nunca...

—¡Puerca, mano, méi juido dialtiro e la cumbre! Miatracaba un pensar y un pensar...

CUENTOS DE BARRO ---SALARRUE---