tu imprenta

tu imprenta
Creando su mejor impresión
Mostrando entradas con la etiqueta leyendas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta leyendas. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de noviembre de 2019

JUANA PANCHA

JUANA PANCHA

Translated by: 
Raúl Ernesto Chévez Mancia


It is said that she was born the day she was supposed to be born, at the top of the hill known as “Cerro Juana Pancha”, Juana Francisca Callejas, by all known as Juana Pancha.

Endowed with acute intelligence, the gods filled her with great physical gifts, that way she becomes the most beautiful woman in the region, her figure simply embellishes men.

A powerful sorcerer falls madly in love with the young woman, tried to seduce her, crazy with love and desire puts into play all his power and cunning, but is rejected with mockery; This will bring Juana Pancha misfortune since the necromancer warlock condemns her to never know true love.

Years pass and Juana Pancha travels alone on the roads of life without knowing love; feeling the toy of men, sadness, resentment and pain are nested in his heart, giving rise to a life of pillage and become an ally of the moon and the night.

With the curse Juana Pancha inherits powers from the shadows; She flies through the skies, travels on the back of wild beasts, visits the house of the wealthy gentlemen and silently took all his treasures, the finely carved chests give up without need of a key and give to Juana Pancha his velvet-lined cases, full of earrings, bracelets, necklaces and abundant silver and gold coins.

An excessive resentment overflows the heart of Juana Pancha, here she also begins to steal souls and for that purpose, she appears to men with her dazzling beauty, winks at them and with her sweet and picaresque smile bewitches them, leading them to her cave.

They say she appears and begins to walk slowly, turns to see you and smiles , begging you with her coquettish walk to follow her , they all fall to the spell and when they are about to reach it, in a peeping of eyes it is no longer there, you see it again within reach and you feel a whisper in your ear that passionately begs you to come ... follow me ... then a malicious giggle makes your soul vibrate. The great surprise is when you get to the cave, The tender creature becomes indescribable, an abominable being: his pearl teeth, now look like a hungry wolf, his sweet smile, a grimace of terror, and his whisper a scream that freezes the blood and paralyzes you from head to toe, once in front of it, impossible to escape, you feel the legs thick and heavy, as if your body had to move the legs of an elephant; then nobody knows about you.

When several young people disappear from the town, the suspicions go directly to Juana Pancha; the white sorcerers meet and decide to free it from evil. They manage to reach the cave, a stinking wind is breathed and very strange screams are heard, a terrible storm is unleashed, blinding flashes of lightning and a thousand rays discharge their fury illuminating the night; the sorcerers manage to make a magical fence and with powerful spells, after a hard battle against that horror, they seal the door of the cave.

Although they leave an outlet for that beautiful and unhappy woman who has been punished by fate. If a good man comes to his cave and camps in it all night on a holy Friday, undeterred by what he sees or hears, the chains of the curse will be broken and Juana Pancha will be freed with all her beauty and her treasures accumulated in gold and precious jewelry. You dare?

viernes, 31 de octubre de 2014

LAS BRUJAS DE IZALCO





Escrito por Edgardo Reyes.
Esta historia sucedió en Izalco, el lugar ancestral de los brujos, un pueblo místico, aquí cada aquelarre en un rito se abre una puerta al mas allá, pero solo tiene un camino el del mismísimo infierno.
                                   
                                                  ***

Paula, y su familia llegaron al pueblo con la intensión de enflorar a su abuelo, deberían hacerlo un par de días antes, (el 31 de octubre) ya que el 2 de noviembre, día de los difuntos, tenían que regresar a Los Ángeles, California, lugar donde residen desde hace mas de 2 décadas. Llegaron al cementerio, luego de limpiar y pintar la lápida del abuelo, la adornaron con flores y rezaron un par de oraciones, Paula como cualquier adolescente jugo y corrió junto con su mascota, (un perro lobo pastor), este se le perdió por unos momentos, al regresar traía algo en el hocico.

-¿Quieres jugar?, dame acá - le dijo al perro

Pero su sorpresa fue grande cuando se percato que se trataba de un fémur, al verlo pego un grito y lo lanzo lo mas lejos posible, su perro fue tras el hueso. Paula corrió donde sus padres que entre risas le advirtieron que no jugara con los muertos, si despertaba a alguno, la perseguiría por todo el pueblo. Y es que en ese cementerio hay aun hoy en día poderosos brujos y brujas enterrados que no desean ser molestados en su sueño eterno, si alguien lo hace una tremenda maldición la perseguirá. El perro moviendo la cola regreso con el hueso en el hocico; la madre de Paula se persigno y agarrando al perro, lazo el hueso lo más lejos posible.

La familia se hospedo donde unos parientes en el pueblo; olvidaron todo el asunto, y se disponían a charlar luego de la cena, cuando el perro que estaba echado, para las orejas, clava la mirada, se levanta lentamente, y se le comienza a erizar el pelo de su lomo, le ladra a alguien o algo y ataca pero retrocede amedrentado. Paula asustada trata de calmarlo y dirigir su mirada hacia donde el perro ladra, con asombro ve una figura humanoide, una anciana de unos 1000 años levitaba con aire amenazador hacia ella, Paula da un grito de terror y loca de espanto con gran desesperación le grita a su padre.

-¡Pa!… ¡la bruja del cementerio esta aquí! --

Su padre un hombre alto y robusto, camina hacia donde su hija señala con cara de pánico, para su sorpresa es derribado por un tremendo golpe en el pecho, su esposa llega a toda prisa en su auxilio pero también cae al ser golpeada, el perro se abalanza sobre el espanto pero no se atreve a atacar, solo le muestra su filosos colmillos, la madre dominada por el terror le grita que huya, Paula corre despavorida, llega a la habitación cierra la puerta con llave, su corazón late a toda prisa, tiene la mente confusa, empieza a rezar, pero es perturbada por un fuerte golpe en la puerta, luego otro y otro mas, por fin la puerta sede, Paula es tomada de sus cabello y arrastrada por toda la casa, una vez fuera, la bruja y Paula montan en un burro negro y marchan rumbo al río Ceniza.

Una densa niebla cubría todo alrededor, Paula es llevada a todo trote, su rostro es arañado y golpeado por chiriviscos, un tremendo sudor frío se apodera de su cuerpo, tiembla como si fuera a morir por hipotermia, al paso de la bruja se escuchan los perros ladrar lastimeramente, las aves escapaban de sus nidos en el silencio de la noche sin saber a donde ir, de repente un resplandor en lo profundo del bosque, una hoguera cuyas llamas parecían llegar desde el propio infierno, se escucharon cantos satánicos, en lenguas extrañas, no eran voces humanas “Lalamatec, Lalamatec”, tus esclavas te invocan, logro escuchar Paula, Xhalitemac, que era la bruja mayor, quien había secuestrado a Paula, dio un aullido con furia, no se distingue si lloraba, reía o era un lamento, las demás brujas que danzaban se acercaron con cara de felicidad al ver el botín que esta llevaba,  Xhalitemac la tomo con sus afiladas uñas por el rostro acercando su cara arrugada, con tremendos ojos saltones fuera de órbita  la nariz puntiaguda y larguirucha, una boca desdentada con solamente dos colmillo que simulaban un vampiro, se le acerco y dirigiéndose a las demás les dijo, ---¡viene el sacrificio!,--- Paula sintió el aliento putrefacto de aquel espanto, en el acto vomito, no pudo con esa infernal pestilencia. Xhalitemac ordeno que el rito comenzara ya que a las 12 de la noche, hora en que se habría la puerta del infierno, el sacrificio debía ser realizado.

Había un altar y al pie una fogata, 12 piedras alrededor del fuego, las 13 mujeres poseídas empezaron a cantar, bailar frenéticamente, y decir palabras incomprensibles… --“sacamatly, xicha, malixy”,-- fueron de las que pudo distinguir; la media noche se acercaba y un espectáculo horroroso empezó, el burro y 12 gatos completamente negros que acompañaban a las brujas fueron decapitados, su cabeza empalada, y puesta a las llamas, la sangre que corría era tomada por los engendros con deleite, de repente... un tremendo trueno impuso silencio, las nubes desaparecieron y la luna se dejo ver. La hora de las brujas había llegado… las 12 de la noche del 31 de octubre, todas la mujeres se tomaron de las manos hicieron un circulo y empezaron a invocar al dios del mal, este les contesto elevando las llamas hasta tocar la luna, las 12 Brujas se dirigieron a tomar asiento en sus piedras alrededor de la fogata, Xhalitemac camino hacia Paula, su hora había llegado, la joven seria sacrificada y su alma serviría para liberar al mismísimo mal; estando hipnotizada, en trance no se resistía a nada, su destino parecía escrito... pero había un elemento sorpresa, el fiel perro, esta vez convertido en su ángel guardián, la había rastreado hasta el lugar del rito y cuando la bruja mayor se dirigía con su victima en brazos, el perro se le abalanzo, clavo sus afilados colmillos en el cuello de aquella concubina del diablo, la bruja sorprendida soltó a Paula, y al caer salió del trance  al ver que estaba libre corrió, no miro hacia atrás solo corrió y corrió, la noche estaba negra, debía correr a ciegas y se precipito en un barranco, se dio un golpe en la cabeza y se desmayo.
                                    

                                               ***

Al día siguiente despertó en el hospital, al pie de su cama se encontraban sus padres, al preguntar que paso, le comentaron que al estar en el cementerio cayo accidentalmente en una tumba abierta, del golpe se desmayo su perro ladro tanto que ellos corrieron a ver que pasaba y así la descubrieron, luego fue trasladada al hospital.

Ahora 15 años después Paula no sabe si fue una pesadilla o en realidad lo vivió; pero al transcurrir un año en esta fecha, una mujer gritando dulce o truco se le acerco y le advirtió; que no debe dormir ninguna noche del 31 de octubre, si lo hace será llevada nuevamente a orillas del río Ceniza y esta vez la suerte no le sonreirá, le profetizó que para que la maldición termine; su relato deberá ser leído un 31 de octubre y si alguien pronuncia las palabras “lalamatec, lalamatec, sacamatly, xicha, malixy” será el nuevo portador de la maldición y para no ser llevado al río Ceniza, debe permanecer despierto todas las noches del 31 de octubre.

un cuento de: Edgardo Reyes

  DERECHOS DE AUTOR RESERVADOS Si desea compartirlo en su blog o página puede hacerlo siempre que de el crédito al escritor y al blog cuentosleyendasmitos.blogspot.com



sábado, 9 de agosto de 2014

LA CARRETA BRUJA,





Escrito por: Edgardo Reyes

Chente "el malo" era un hombre sin fe, una negra noche buscando riqueza y poder, mientras caía  una inusual tormenta eléctrica, en un oscuro rito realizado bajo un palo de amate, vendió su alma al diablo, a cambio debía destruir la iglesia del pueblo.
 
El 15 de mayo, día de San Isidro Labrador,  luego de la misa, se realiza la bendición de las carretas y las herramientas para trabajar la tierra,  esa mañana el padre siguió con la tradición, para que los campesinos tuvieran buenas cosechas y prosperidad, cuando le toco el turno a Chente, este puso su carreta  frente a la entrada de la Iglesia, el padre  tomó el agua bendita y le hizo una señal a Chente.

-Hijo acerca tus bueyes y la carreta para que pueda bendecirla.

-Chente puso cara de chalado, le lanzo una mirada con rabia, los ojos rojos, legañosos y desorbitados, su boca salivaba en exceso y con voz carrasposa de ultratumba le contesto.  

-Mira señor cura, mi carreta no necesitan su bendición, mi señor Satanás ya la bendijo; y ahora voy a cumplir con su mandato.

El cura alarmado lanzo agua bendita a Chente, y fue como ácido sobre  su piel, estaba purificando su cuerpo endemoniado, los bueyes al ser rociados con agua bendita cayeron de rodillas y bajaron la cabeza como haciendo una reverencia,  Chente entro en pánico y azotó a los animales para que entrar a la iglesia en tropel según su plan original, pero estos no respondieron y se echaron a media calle. El cura siguió rociando agua bendita y Chente al verse llagado de su rostro y sus manos, clavo la puya a los bueyes, estos dieron una cabriola, y  rompieron las coyundas; la carreta salió disparada como una bala de cañón en dirección opuesta a la iglesia. Chente corrió tras ella blasfemando.  El padre le maldijo.

-Chente por ser enemigo de Dios, y tratar de destruir su santa iglesia, te condeno a que vagues por la eternidad en tu carreta endemoniada. 

Las buenas personas del pueblo entraron a la iglesia detrás del padre y rezaron todo el día para pedir protección contra el mal que se les avecinaba. Desde ese día la carreta bruja se pasea todos los viernes por los pueblos donde sus habitantes pierden la armonía, al filo de la media noche se escucha el chirrido de una carreta en lo profundo de los llanos y viene acercándose lentamente, congela la sangre con su  traca, taca trarata. 


Un tiempo después...

Era la media noche, Juan y Chilo se persignaban cada vez que el tecolote o la aurora cantaba, permanecían cuidando el café de la corta del día, el camión había tardado en llegar,  lo mas probable es que a Foncho se le arruinara su vieja carcacha, un camión  ford  de los años 60´s, si ese era el blen ya les toco amanecer.

-Juancho, yo creyba que hay viene.

-Está diciendo lo mismo desde hace ratones primo.

-Es quioy el ruido del motor se oye cada vez mas cerca.

-Ha de ser pues.

-ya vi las luces, hay viene Foncho por fin.

-Por si acaso tenga lista la mecha, chero, hay que tenerla cargada y ojo al Cristo mano.

Foncho llegó por fin, cargo con sus ayudantes las sacos y luego se despidió de Juan y Chilo, nos vemos cheros, hoy no los puedo llevar voy con mucha carga, si no ya saben.

Los dos empezaron a caminar rumbo al pueblo, no estaba muy lejos a una legua nomas, lo malo era que ya daba la media noche.

-Es lora de los espantos Juancho.

-Cayese por la puerca no ve que nos está salando, esos oyen todo y si les teme entonces se le aparecen.

-No seya culiscunqui, puya aste si ques culillero.

-Mire chero los malos espíritus existen, y lo mejor es respetarlos, no vaya ser el diablo.

Caminaron a paso aligerado, con el machete desenvainado y la escopeta cargada por si las moscas, el cielo estaba gris negro, de vez en cuando se apartaban las nubes y la poca luz de la luna  reflejada en los árboles hacía sombras que les jugaban furiosas poses y corrían hacia ellos en un tropel fantasmagórico que parecían apoderarse de sus espíritus temerosos.

De repente el eco trajo un traca traca de las ruedas de una carreta que se desplazaba a lo lejos, los dos amigos se echaron una miradita de terror.

 -Quizá a ño Atanasio  le agarro la tarde también. 

-Asi mero, por codo se lo lleva Judas, prefiere echar 4 viajes en su carreta que pagar un pikap  para que le lleve el café. 


Un escalofrío recorrió los cuerpos de cada uno de los amigos, cuando avistaron el cementerio.

-Juancho siempre que paso por el camposanto a media noche me agarra la culillera.

-A mi también, chero, usté solo pase y si oye un ruido o un cuchicheo  no volteye a ver pa´ningún lado. 

-Juancho me pesan la patas y se me acalambran.

-Camine ligero chero. 

El ruido de la carreta se hizo cada vez mas  cercano y a la vez intolerable, los dos amigos sintieron de nuevo un frió helado recorriéndoles la espalda que les helo la sangre, al escuchar el aullar lastimero de los perros se les erizaron los pelos, llenos de miedo vieron como los chuchos corrían despavoridos de un lado para otro y sintieron la carreta pisándoles los talones. Sin decir palabra alguna y con el corazón queriendo huir de sus cuerpos dándoles tetuntazos en el pecho, corrieron como alma que lleva el diablo, y sin saber cómo, se saltaron un cerco de dos metros de alto, se apachurraron detrás de unas lapidas y cerraron los ojos, temblorosos los dos y llenos de culillera. rezaron toditas las oraciones que de chiquitos sus abuelitas les enseñaron, prometieron a Dios se buenos por el resto de sus días. 

Frente a ellos estaba una carreta desquebrajada que avanzaba lentamente, sin bueyes que la guiaran, tenía un hedor pútrido, en las puntas del estacado llevaba una calavera humana con una grotesca mueca infernal. La carga de la carretera consistía en un promontorio de cadáveres decapitados y ensangrentados que se retorcían como tentáculos de mil pulpos. Los arrieros, en vez de cabeza tenían un manojo de zacate mal amarrado, en la mano izquierda aseguraban una filuda cuma y en la mano derecha un enorme azote negro, danzaban como si bailaran sobre brazas calientes,  y con risas infernal, hacían estallar latigazos que sonaban como furiosos rayos sobre las carnes de aquellos cuerpos; Tras ella avanzaban seres extraños con cabeza calva y plana, sin nariz y rostro muy arrugado, con tremendo hocico desdentado, gritaban los nombres de todas las personas del pueblo que eran mentirosas, falsas e hipócritas, por fin pasó frente a ellos y muy despacio se alejó. ninguno de los amigos se atrevió  a mirar, solo escucharon los lamentos de ultratumba.

Juan y Chilo no recuerdan como despertaron en su casa, pasaron 3 días sudando con fiebre alta y la mirada extraviada, desde ese día ya no se dejan agarrar de la noche.

En la actualidad, la carreta siempre recorre los viernes las calles de pueblos y ciudades solitarias en busca de almas perdidas. Si te agarra la media noche y escuchas el traca taca matraca, no te detengas y corre a un lugar seguro.

 Un cuento de Edgardo Reyes


  DERECHOS DE AUTOR RESERVADOS Si desea compartirlo en su blog o página puede hacerlo siempre que de el crédito al escritor y al blog cuentosleyendasmitos.blogspot.com

miércoles, 10 de julio de 2013

JUANA PANCHA

Escrito por: Edgardo Reyes
Se dice que nació el día que tenía que nacer, en la cumbre del cerro conocido como “Cerro Juana Pancha”, Juana Francisca Callejas, por todos conocida como la Juana Pancha.

Dotada de una aguda inteligencia, los dioses la colmaron de grandes dones físicos, así se convierte en la mujer más bella de la región, su figura simplemente embelesa a  los hombres.

Un poderoso brujo se enamora perdidamente de la joven, intentó seducirla, loco de amor y deseo, pone en juego todo su poder y astucia, pero es rechazado con mofa. Esto traerá a Juana Pancha el infortunio  ya que el brujo nigromante la condena a jamás conocer el verdadero amor.


Los años pasan y Juana Pancha viaja sola por los caminos de la vida sin conocer el amor; al sentirse el juguete de los hombres. La tristeza, el resentimiento y el dolor se anidan en su corazón, dando inicio a una vida de pillaje y pasó a ser aliada de la luna y de la noche.

Con la maldición Juana Pancha había heredado poderes de las sombras; volaba por lo cielos, viajaba en el lomo de bestias salvajes, visitaba la casa de los señores pudientes y en silencio sustraía todos sus tesoros, los cofres finamente talladas ceden sin necesidad de llave y obsequian a Juana Pancha sus estuches forrados de terciopelo, llenos de aretes, pulseras, gargantillas y abundantes monedas de plata y oro.


Un excesivo resentimiento rebosa el corazón de Juana Pancha, aqui empieza también a robar almas y para ese fin, se le aparece a los hombres con su deslumbrante belleza, les guiña un ojo y con su dulce y picaresca sonrisa los hechiza, conduciéndolos a su cueva, cuentan que se te aparece y empieza a caminar despacio, te voltea a ver y sonríe, suplicándote con su coqueto caminar que la sigas, todos caen al hechizo  y cuando están por alcanzarla, en un pispilear de ojos ya no esta, la ves nuevamente al alcance  y sientes un susurro en tu oído que apasionadamente te ruega ven… sígueme… luego una risita maliciosa hace vibrar tu alma. La gran sorpresa es al llegar a la cueva, La tierna criatura se convierte en algo indescriptible, un abominable ser; sus dientes de perla, ahora parecen de lobo hambriento, su dulce sonrisa, una mueca de espanto, y su susurro un alarido que te congela la sangre y te paraliza de pies a cabeza, una vez frente a ella, imposible escapar, sientes las piernas gruesas y pesadas, como si tu cuerpo tuviera que mover las patas de la manyula. Luego nadie sabe de ti.

Al perderse varios jóvenes del pueblo, las sospechas van directamente a Juana Pancha; los hechiceros blancos se reunieron y decidieron librarla del mal. Logran llegar a la cueva, se respira un viento hediondo y se escucha un chillido muy extraño, una terrible tempestad se desata, relámpagos cegadores y mil rayos descargan su furia  iluminando la noche; los brujos  logran hacer un cerco mágico y con poderosos conjuros, luego de una dura batalla contra aquel espanto, sellan la puerta de la cueva.

Aunque dejan una salida para aquella bella mujer que había sido castigada por el destino. Si un buen hombre llega a su cueva y acampa en ella toda la noche de un viernes santo, sin inmutarse por lo que vea o escuche,  las cadenas de la maldición se romperán y Juana Pancha será liberada con toda su belleza y sus tesoros acumulados en oro y joyas preciosas. ¿Te atreves?


Edgardo Reyes

  DERECHOS DE AUTOR RESERVADOS Si desea compartirlo en su blog o página puede hacerlo siempre que de el crédito al escritor y al blog cuentosleyendasmitos.blogspot.com

lunes, 8 de julio de 2013

LA SIGUANABA




 Escrito por: Edgardo Reyes
Faustino Gamuza era un verdadero tunante, el picaflor mas atrevido del pueblo, tenia el orgullo que ninguna cipota chula se le había escapado, siempre sucumben a sus encantos.

                                                             ***

Eran la fiestas patronales en honor al Divino San José, el 19 de marzo, día principal todo el pueblo disfruta de los juegos mecánicos, la Chicago y la chicagüita, el tiovivo, y las sillas voladoras, sacan gritos de alegría y muchas risas a grandes y pequeños.

A las 9:00 de la noche empezaba el regio baile, con la pulum pulum, las muchachas mas bellas del pueblo no podían faltar, muy bien arregladitas lucían sus mejores trajes para la ocasión.

Los ojitos de Faustino no dejaban de brillar al ver pasar tanta chulada, parecía que llovía mujeres hermosas, dondequiera que volteará el pescuezo, se miraba una mujer preciosa, Todos entraron al baile y el pum, pum, pump pump destemplado empezó a amenizar el baile, la parejas comenzaron a mover el esqueleto, otros para quitar el frío pedían su ponche bien cargado, o su guacal de chaparro.

Una de las muchachas mas lindas del pueblo, le hacia ojitos a Faustino y este ni lerdo ni perezoso, se le acerco para chulearla, a decirle palabras dulces al oído, con la melodía de fondo se dejaron llevar y con el encanto de la noche las palabras del picaflor llenaban de gozo a esta chica; pero su hermano los pillo y como tenia enemistad con Faustino le llegó a reclamar.

--Tino deja en paz a mi hermana o te las veras conmigo.--

Con los tragos por dentro y con el calor de la discusión se armo la riña, los trompones empezaron a sonar por todos lados, hasta quien no lo debía si estaba en medio se llevo su par de ganchadas. Llegó la choricera, arresto a los revoltosos y los llevó directo a chirona. Por ser personas conocidas una hora después los dejaron libres, con la condición de no regresar al baile.

Faustino, un hombre de palabra, aceptó a regañadientes; fue a buscar su caballo y emprendió la marcha para su cantón, estaba cerca del pueblo, a unos 5 kilómetros, al cabalgar por las veredas, recordó que en su alforja llevaba una botellita para cualquier emergencia, y se hecho un buen trago, siguió su camino cantando. Sintiendo pena por haber dejado escapar aquella mujer hermosa…. “Ya caerá… pensó, esta no se me escapa”.


                                                                ***


Al acercarse al río, por la senda de los guarumos, escuchó risas de mujer y como si alguien lavara ropa y la golpeara contra las piedras.

---Tooooo---- detuvo su caballo, desmontó y se dirigió sigilosamente donde se originaba el ruido.... su sorpresa fue monumental cuando con la claridad de la luna pudo distinguir un cuerpo femenino, estaba de espalda con el agua hasta la cintura lavando en las claras aguas del río, al darse la vuelta, Faustino pudo mirar de frente a la mujer mas bella que sus ojos habían visto, su asombro fue mayor al acercarse y ver sus facciones, era Esmeralda, la culpable de haber conocido la cárcel esa noche, la mujer al ver un hombre acercarse, corrió hacia la orilla y rápidamente se vistió.

---Faustino le gritó --Espera soy yo, Faustino, nos conocimos en el baile.

Se detuvo, sonrío, pero no le dio la cara, Faustino se le acerco, la abrazo por la espalda y le susurró al oído,

--quieres venir conmigo al rancho.--

La mujer asintió, agarro su mano y caminaron juntos hacia el caballo, le pareció curioso que está llevará el pelo alborotado sobre el rostro y no dejará ver claramente sus facciones, pero pudo mas la lujuria, al llegar al caballo; el animal relincha, cabecea y retrocede, trata de esquivar a la pareja, pero estando atado a un árbol de guarumo le es imposible huir, empezó a bufar y dar vueltas a través del árbol, Faustino lo toma por la rienda.

---tooooo---tooooo---- ¿que te pasa?-- le da palmadas para calmarlo,--  
      no seas payaso y respeta a la dama... 
---toooooo--- ---toooo---- 

El caballo relincha, resopla con furor, se encabrita, pero Faustino no dedujo nada; lo agarro fuertemente de las riendas y lo montó, no supo como pero la mujer ya estaba encaramada en ancas, y lo tomó fuertemente por la cintura; el caballo corre desbocado, Faustino no lo podía detener, a medio camino sintió olor a muerto,  se percato de las tremendas uñas que se le clavan en la cintura, unos filosos dientes en su nuca, una terrible pestilencia se apodero del ambiente, el caballo seguía desbocado, tratando de sacudirse la carga macabra, al llegar a un claro de la vereda, la luz de la luna alumbra en todo su esplendor, Faustino clava la mirada  hacia abajo y ya no vio aquellos delicados pies, sino una garras de tecolote, metida en los ijares del animal, en su abdomen unas manos llenas de arrugas, con tremendas uñas encarnadas en su panza, sintió, por la espalda resbalándole la baba que soltaba el terrible engendro, al mirar atrás su espanto fue mayor al ver transformado aquel bello rostro en una careta cadavérica, con tremendos ojos rojos saltones, dientes y colmillos tártaros y pestilentes que le sonreían, y aquellos descomunales pechos que caían mas abajo de la montura, Faustino pego un tremendo grito que resonó por todos los cerros.

--Dios mío, líbrame, esta es LA SIGUA.....

Trato de deshacerse de ella dándole azotes con la rienda en la espalda pero lo único que consiguió fue que la siguanaba clavará sus dientes y las uñas en su espalda. Una risa venida de ultratumba le resonó en los oídos, un terrorífico frío se apoderó de su cuerpo, los pelos se le erizaron, (incluso puede jurar que los del caballo también), la risa no cesaba, su cuerpo se iva debilitando, el caballo seguía desbocado, de pronto recordó que llevaba un puro en la bolsa de la camisa, lo había curado precisamente para la ocasión, lo saco, lo mordisqueo, empezó a mascar y rebozar en todo su cuerpo y el de su caballo, de pronto solo sintió unas uñas como navajas desgarrando su camisa por la espalda, y la risa infernal se fue disolviendo a lo lejos, cada vez mas lejos... solo quedo en su cabeza como un eco.

                                                           ***


Faustino no recuerda como llego a su casa; paso una semana con fiebre alta, diciendo incoherencias, la curandera le hizo los baños para espantar a los malos espíritus, fue sanado de su alma, su cuerpo, su casa y su caballo. Ya recuperado les narra su historia para que no les suceda lo mismo, el picaflor aprendió la lección, ahora solo piensa en casarse y formar un hogar.

Un cuento de: Edgardo Reyes 

  DERECHOS DE AUTOR RESERVADOS Si desea compartirlo en su blog o página puede hacerlo siempre que de el crédito al escritor y al blog cuentosleyendasmitos.blogspot.com        


martes, 24 de enero de 2012

EL CONTAGIO





Después del aguacero de la noche, había clareado gris, mojado, encharcado, invernicio... Venía la mañana en ondas frescas, anegando la oscuridad. Todavía no daban sombra las cosas; las sombras eran diluyentes, borrosas como luz golpeada, como humedad de sal. Se venía el olor jelado del cielo, con algo de amoníaco y algo de ropa limpia. Silbaba, único, un pajarito invisible en un árbol frondoso; silbaba con dulzura de agüita plateada. Las hojas nadaban en los remansos de brisa, como pececitos oscuros. Iba clareando... Y el alma, como los matorrales, estaba empapada de felicidad.

En la casa de la finca, el patio cuadrado dormía aún. Por el lodito habían pasado los chuchos. Una teja salediza se había quedado contando gotas azules, sobre un charquito que, abajo, bailaba trompos diagua. Salía el humo de la galera, como una parra celestial. Don Nayo, enrollada en la nuca una toalla barbona, venía por el corredor. Con el bastón abría un hoyito, y sembraba una tos; abría un hoyito, y sembraba una tos. Los murciégalos se iban enchutando en las rendijas oscuras del tabanco, como pedradas de noche.

A lo lejos, lejos, los gallos abrían puertas chillonas. El día se tambaleaba indeciso, bajo la nubazón sucia, como carpa de circo pobre.

Don Nayo llegó al portón. No podía enderezar la cabeza, porque su nuca estaba paralizada; lo cual le daba un vago aspecto de tortuga mareña. Miró al cielo de reojo; aspiró el olor de los limones; se puso el palo bajo el brazo y llamó aplaudiendo.

—¡Cande!...
          
         La Cande gritó desde la cocina:

          —¡Mandé!...
—Date priesa...

La Cande atravesó el patio dejando su priesa pintada en el suelo. Era quinzona, rubita, gordita,
nalgona, chapuda y sonreiba constantemente. Daba la impresión de bañada, dentro del traje pushco y jediondo.

—¿Qué quiere, tata?...

El viejo le alcanzó la oreja al tanteyo.

—Babosa, no téi dicho que cuando vengas a trer lagua, cerrés bien la palanquera!

La campaneó tantito y, arreándola, con el palo enarbolado, la siguió hasta el platanar.

—¡No cierre, anímala, espere que salgan las yeguas!: ¿no ve que están allá?...

Tres yeguas secas estaban olisqueando en la huerta. Sobre las eras de nardos se veían los hoyos de los cascos. Se fueron aculando despacio contra la cerca; y, cuando la Cande les cortó el paso, saliendo del breñal con un chirrión en alto, las tres bestias dieron un respingo nervioso y huyeron por la puerta hacia el potrero. A lo lejos, seguía oyéndose el galope con su patacón, patacón, patacón...

Había amanecido. El viento madruguero había ido cogiendo cada estrella con dos dedos, soplándolas como mota de ángel, hasta desaparecerlas. Por un descascarado de nubes, se miraba la paré del cielo, ricién untada de azul. Los volcanes bostezaban, en camisón de dormir. Pringaba.
—Traiga el canasto, Cande: vamos a pepenar los nances y los limones.

La Cande fue por el canasto. Bajo el limonero, el suelo doraba. Olía a mañana. Daba lástima desarreglar el paisaje enfrutado. Don Nayo y la Cande fueron pepenando, uno a uno, los limones. Más abajo, al haz de un granado, estaba el nance. El suelo aparecía cundido. La ladera había llevado rodando los nances hasta bien lejos. Parecía como si a la planta se le hubiera roto el hilo de un inmenso collar.

—Tempapado el monte, tata.
—Cuidá de no empuercar el vestido.
—Afíjese que anoche soñé el Contagio...
—¿Eh?...
—Era un endizuelo así, sapito, con buche y con una cosa feya aquí.
—¿Onde?
—Aquí...

Seguían cayendo limones, que quedaban medio hundidos en el lodo negro. A orillas de la acequia se oía una fiesta de sanates. Bajo los charrales empezaron a rascar las gallinas, haciendo sonar las hojas marchitas. Los grillos se habían ido consumiendo en el claror.

—Mero horrible, el indizuelo; y me chunguiaba.
—¿Te qué?...
—Me guasiaba y me chunguiaba, en un cuento como cuarto oscuro... ¡Uy!... Es que            
     comí chacalines...
—De
 juro que eso jue...
—Écheme
 una mano, tata.

Don Nayo le ayudó, como pudo, a ponerse el canasto en la cabeza. La Cande lo sostenía con ambas manos; las mechas le caiban por la cara; con un respingo se afirmó, equilibró el espinazo; sacó la puntita roja de la lengua y se alejó hacia la casa, con rítmico andar.
Don Nayo miraba alejarse a su hija. Pensó: «Es guapa, es güeña, la chelona»; se sonrió, con sonrisa de arruga. Los gallos abrían a lo lejos fantásticas puertas; por ellas entró bruscamente un chorro de sol.
                                   ***
Don Nayo paró a su mujer en la mitad del dormitorio.

—Mirá, Lupe —le dijo—, andá con cuidado con la Cande: ya maliseya...
—¿Eh?...
—No me gustan tantito, sus caídas diojos, sus pandiadas al pararse. Méi fijado que deja a ratos de moler y se come las uñas; además, le ondeya el pecho como a las palomas. Andá con cuidado, te digo...
—Dice bien, Nayo; yo también la héi oservado. Se chiqueya, sin querer; se mira nel espejo, cada vez quentra aquí; y, a ratos, da brincos de calofriyo. También no me gustan las cosas que me cuenta. Dice quel otro día, cuando Nicho la tentó jugando, sintió un burbujeyo extraño. Además se le van los ojos, coge juergo a cada rato, le pica la palmelamano.
—Pa que veyás. Andále con tiento, no se nos descantiye con algún malvado.
—Decíle al Nicho que no liaga tanta fiesta.
—Se lo vuá poner en conocimiento, a ese infeliz.
                                               
                                                                        ***
Zarceaba el viento en la palazón de los conacastes, como en una guitarra destemplada; el sol entraba ya en la hindidura dialcancía del horizonte. En el cielo, las nubes mostraban choyones desangrados. Las golondrinas inspeccionaban el velamen recién izado de la tarde; en el callar, la tierra daba bordazos de sombra.
Por el camino venía Don Nayo, lento y tosigoso. La Lupe lo esperaba en la palanquera.

—¿Qué lihubo, Nayó?...
—Los casaron. Los juí a dejar al terreno. Tan contentos.
—¿Le
 arvertiste a Nicho de lo que te dije?...
—Más valiera no me
 bieras dicho jota, miás azorrado con el yerno.
—¿Eh?... ¿Por qué?...
—Cuando lo llamé aparte y le recomendé que la tratara con primor, no fuera ser que se asustara, se echó a rir y me dijo: «No siaflija por babosadas, esa yes cosa antigua: asigún colijo, la tengo ya empreñada dende hace un mes».
—¡La
 Virgen del Martirio!
—Y
 parecía que no quebraba un plato...
—Güeno, después de todo, arrecuérdese, Nayo, de nosotros, cómo
 hicimos...
—Decís bien, es el Contagio...

La tarde se había perdido a lo lejos, dejando como estela un espumarajo de estrellas; sobre la arena del mundo, los árboles negros se movían como cangrejos.

CUENTOS DE BARRO  --SALARRUÉ--