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viernes, 24 de junio de 2022
miércoles, 15 de septiembre de 2021
miércoles, 31 de diciembre de 2014
PANCHO Y LOS AGUINALDOS
Escrito por: Edgardo Reyes
Pancho se levantó como todos los días a las 4:00 a.m., de lo contrarío el tiempo no le alcanza para llegar temprano al trabajo. Luego de un buen baño, toma su taza de café, de baja calidad, amargo y de mal sabor, pero le reanima para empezar la faena.
Pancho se levantó como todos los días a las 4:00 a.m., de lo contrarío el tiempo no le alcanza para llegar temprano al trabajo. Luego de un buen baño, toma su taza de café, de baja calidad, amargo y de mal sabor, pero le reanima para empezar la faena.
La mañana trascurre como
siempre, a las 5:30 de la mañana aborda
el bus, que ya viene abarrotado de gente con ojos chinos de sueño, y aunque afuera
hace frío en el interior hay un vapor que da calor.
Trabaja como ordenanza en un oficina jurídica; Y esta mañana le
espera una gran aventura. Su jefe lo envía al banco para hacer efectivo un
cheque por una buena cantidad de dólares.
-Pancho hoy no es día de pago, por lo tanto no tendrás
problema con los rateros, pero tené cuidado que es el pisto de los aguinaldos.
- No se preocupe mi jefazo, -llevándose la mano a la cintura- me acompaña la tamagasa esmitihüezo (su viejo revólver Smith & Wesson de cachas quebradas hechas de cacho de buey, cañón sin pavón y corroído por la humedad ) y el come carne (su puñal al mejor estilo de Rambo).
- Bueno, de la infección se muere
cualquiera.
Pancho se persigna y parte muy
confiado, pero con cautela, recelando de cualquier extraño que se cruza en su
camino, cuando alguien lo mira, instintivamente se llevaba la mano a la cintura
debajo de la chumpa, para enviarle el mensaje de.... -qué me miras, ando armado y no me da miedo
usarla-.
Media hora después llega al banco,
de mala gana deposito la tamagasa y el come carne con el guardia de seguridad
que custodia la entrada, de lo contrario no lo dejaría pasar, pero esta
volándole ojo, no vaya a ser que se los cambie, o que el guardia se enamore de su arsenal y no lo quiera
devolver.
20 minutos en la fila y por fin llega al cajero.
- Buenos días señor en que
podemos ayudarle.
- Sin respuesta y mirando con
recelo a la cajera extiende el cheque.
.- Me permite un documento de
identidad por favor.
- Para qué, si el cheque es de mi
jefe.
- Desde luego señor, pero
necesito una identificación para hacerlo efectivo.
Con un poco de vergüenza entrega su DUI, no
le gusta mostrarlo, menos a las mujeres, ya que en la foto sale con los ojos viscos y cara de retrasado mental.
- Muy bien don Pancho, me firma
aquí.
Hace un garabato, escribe dos
letras y luego las mancha . como si fuera un cipote que hace un borrón en su
cuaderno.
La cajera lo mira con cierta
gracia, -¿de a cómo los quiere?-.
- De lo que seya, pisto es pisto.
Recoge su dinero, lo cuenta, lo
guarda en su mochila, se asegura de cerrar bien todos los zíperes, pasa a
recoger su armamento y ojo al Cristo se marcha hacia la parada de buses.
Sube al bus y dirige una mirada
de halcón a todos los ocupantes, satisfecho ya que no distingue ninguna cara de
malo, se dirige a tomar asiento cerca de la puerta de salida, por si acaso. A
medida avanza el recorrido, el bus se
llena de pasajeros, un hombre se sienta a
la par. Pancho se pone nervioso, y se pregunta -¿y si este me siguió del
banco? hay que estar listo con la escupe fuego por si acaso-.
Beto peluca, con quién comparte
asiento, le pela la jeta de dientes torcidos con una sonrisa de tonto detrás de
unos lentes gruesos, esto pone a Pancho
mas alerta. Beto pretende ser amigable; -que peligrosa esta la vida en San Salvador, verda amigo-.
-Si, mucho, pero es que a los tamales, no hay que tenerles miedo, sin
contemplación hay que dejarles ir los plomazos. (sonrió para sí mismo, pensando,
ya apantalle a este hijo de mala vecina, por si acaso). Un grito lo puso en alerta total.
-Señoras y señores, vengo a
pedirles una ayuda, acabo de salir de la cárcel de Mariona, no tengo trabajo, ni
lo busco porque nadie me contratará por mis antecedentes, me han condenado a 30
años por asesinato, por buena conducta he salido en solo 5, pero tengo hambre
y no tengo pisto para comer, así que
todos deben colaborar con lo que lleven, vayan sacándose el pistillo, los relojes, celulares,
anillos, cadenas y cualquier cosa de valor que tengan, con mi compañero,
pasaremos por su asiento. Colaboren y nada malo les pasará, piensen en sus
seres queridos que los esperan en casa, no vayan a dejar sola a la esposa o
sus hijos por amor a unos dolaritos, y un viejo celular, colaboren y muchas gracias.
Pancho, comenzó a sudar como buey
arando a las 12 en punto, y tuvo una visión de la cara brava de su jefe gritándole...
-Pancho, te voy a meter preso, a mi no me das paja, esos billetes vos te los has
hueviado-. Beto peluca se percató
de la aflicción en la cara retorcida de su
compañero de asiento, y trata de apaciguarlo.
-No se ahueve primo, les damos
unas cuantas coras y tranquilos.
de todos modos no llevamos más.
Pancho piensa en escapar, y al
volver la vista atrás, unos ojos de tamagaz custodiando la salida en una cara
tatuada le devuelven la mirada. No había salida, desenfundo
la tacuazina, monto el gatillo, y la puso bajo la mochila. tiene pensamientos
confusos, pero algo era seguro, primero muerto antes de que me roben estos
hijos de puta.
A Beto peluca se le desorbitaron
los ojos.
-Que puercas piensa hacer chero,
nos van a matar a todos por su culpa.
-Si querés te doy el puñal por si no le doy a los dos, se lo zampas en
la panza.
-No joda, yo no me quiero morir por un celular de 10 pesos, entréguele lo
que quieren, el dinero se hace chero, pero
la vida no se repone.
Los malacates llegan al asiento
de Beto y Pancho, con mirada
homicida, cuchillo en mano les hacen señales para que entreguen sus pertenencias, cada uno
entrega un par de dólares; Los mañosos intercambian mirada, están a punto de seguir, pero los nervios
traicionan a Pancho y abraza la mochila, fue una mala pasada del destino; los
ladrones intuyen el botín.
-Entrégame la mochila.
Pancho, se pone muy nervioso, le tiembla todo el cuerpo.
-No puede entregarla -y la abraza con fuerza, como queriendo
forzarla a entrar en su pecho.
-Que me la des te digo.
- Pero no llevo nada mas que ropa
sucia.
-Déjame ver, ¡dámela o te
convierto en calavera!.
Esto elevó la adrenalina de
Pancho, se le aceleró el corazón, un escalofrío le corrió de pies a cabeza y
luego de la cabeza a los pies, le temblaban las manos, nunca le había temido a la muerte, ni cuando
estuvo de alta y tampoco le temía ahora,
la rabia le nublo la razón y al verse
arrinconado, no tuvo otra opción mas que sacar su revólver, y a quema ropa,
dejar ir tres disparos contra aquel facineroso, su compañero retrocedió lleno
de pánico y también recibió la misma
dosis, el tercero al ver a sus compinches caídos, corrió como alma que lleva el
diablo. Pancho, seguía con las manos temblorosas
y apretando su pistola, en un gesto de arrepentimiento se las llevó a la
cabeza.
-Que hice. Dios mío, que he
hecho.
Dejó caer la pistola, y mochila
en mano salió apresurado del autobus. Beto peluca, en transe observó la
escena, como si estuviera en el cine viendo una película, al caer la pistola al
piso y con los gritos de la gente se despabilo, vio a pancho correr y dejar el
arma tirada, sin pensarlo y como buen samaritano la recogió y persiguiendo a Pancho le
gritaba.
- Señor, Señor, se le cayó la
pistola. Primo la pistola, se le cayó la pistola.
Pancho corría despavorido y Beto
peluca lo perseguía pistola en mano, gritando, -su pistola maytro, se le cayó
la pistola.
Un carro patrulla recorría el
lugar, al ver a Beto peluca arma en mano persiguiendo a pancho, corrieron tras él, lo
derribaron, esposaron y lo dejaron en la acera como garrobo en venta.
Al interrogar a las
personas que se aglomeraron, estas les contestaron,- hay dos muertos en aquel
bus, y este maytro salió pistola en mano persiguiendo a otro, que
logro escapar.
Pancho, llegó jadeando y con el
corazón en la mano a la oficina, tomo agua como camello que lleva 3 meses en el
desierto, su jefe al verlo sudado y asustado le pregunto. -¿qué te sucede, todo
bien?.
- Le voy a contar, pero no me va a creer...
Edgardo Reyes.
DERECHOS DE AUTOR RESERVADOS Si desea compartirlo en su blog o página puede hacerlo siempre que de el crédito al escritor y al blog cuentosleyendasmitos.blogspot.com
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lunes, 8 de julio de 2013
LA SIGUANABA
Escrito por: Edgardo Reyes
Faustino Gamuza era un verdadero tunante, el picaflor mas atrevido del pueblo, tenia el orgullo que ninguna cipota chula se le había escapado, siempre sucumben a sus encantos.
Faustino Gamuza era un verdadero tunante, el picaflor mas atrevido del pueblo, tenia el orgullo que ninguna cipota chula se le había escapado, siempre sucumben a sus encantos.
***
Eran la fiestas patronales en honor al Divino San José, el 19 de marzo, día
principal todo el pueblo disfruta de los juegos mecánicos, la Chicago y la chicagüita,
el tiovivo, y las sillas voladoras, sacan gritos de alegría y muchas risas a
grandes y pequeños.
A las 9:00 de la noche empezaba el regio baile, con la pulum pulum,
las muchachas mas bellas del pueblo no podían faltar, muy bien arregladitas
lucían sus mejores trajes para la ocasión.
Los ojitos de Faustino no dejaban de brillar al ver pasar tanta chulada,
parecía que llovía mujeres hermosas, dondequiera que volteará el pescuezo,
se miraba una mujer preciosa, Todos entraron al baile y el pum, pum, pump pump
destemplado empezó a amenizar el baile, la parejas comenzaron a mover el
esqueleto, otros para quitar el frío pedían su ponche bien cargado, o su guacal
de chaparro.
Una de las muchachas mas lindas del pueblo, le hacia ojitos a Faustino y
este ni lerdo ni perezoso, se le acerco para chulearla, a decirle palabras
dulces al oído, con la melodía de fondo se dejaron llevar y con el encanto de
la noche las palabras del picaflor llenaban de gozo a esta chica; pero su
hermano los pillo y como tenia enemistad con Faustino le llegó a reclamar.
--Tino deja en paz a mi hermana o te las veras conmigo.--
Con los tragos por dentro y con el calor de la discusión se armo la riña,
los trompones empezaron a sonar por todos lados, hasta quien no lo debía
si estaba en medio se llevo su par de ganchadas. Llegó la choricera, arresto
a los revoltosos y los llevó directo a chirona. Por ser personas conocidas una hora
después los dejaron libres, con la condición de no regresar al baile.
Faustino, un hombre de palabra, aceptó a regañadientes; fue a buscar su
caballo y emprendió la marcha para su cantón, estaba cerca del pueblo, a unos 5 kilómetros, al
cabalgar por las veredas, recordó que en su alforja llevaba una botellita para cualquier
emergencia, y se hecho un buen trago, siguió su camino cantando. Sintiendo pena
por haber dejado escapar aquella mujer hermosa…. “Ya caerá… pensó, esta no se
me escapa”.
***
Al acercarse al río, por la senda de los guarumos, escuchó risas de
mujer y como si alguien lavara ropa y la golpeara contra las piedras.
---Tooooo---- detuvo su caballo, desmontó y se dirigió sigilosamente donde se originaba el ruido.... su sorpresa fue monumental cuando con la claridad de la luna pudo distinguir un cuerpo femenino, estaba de espalda con el agua hasta la cintura lavando en las claras aguas del río, al darse la vuelta, Faustino pudo mirar de frente a la mujer mas bella que sus ojos habían visto, su asombro fue mayor al acercarse y ver sus facciones, era Esmeralda, la culpable de haber conocido la cárcel esa noche, la mujer al ver un hombre acercarse, corrió hacia la orilla y rápidamente se vistió.
---Faustino le gritó --Espera soy yo, Faustino, nos conocimos en el baile.
Se detuvo, sonrío, pero no le dio la cara, Faustino se le acerco, la abrazo por la espalda y le susurró al oído,
---Tooooo---- detuvo su caballo, desmontó y se dirigió sigilosamente donde se originaba el ruido.... su sorpresa fue monumental cuando con la claridad de la luna pudo distinguir un cuerpo femenino, estaba de espalda con el agua hasta la cintura lavando en las claras aguas del río, al darse la vuelta, Faustino pudo mirar de frente a la mujer mas bella que sus ojos habían visto, su asombro fue mayor al acercarse y ver sus facciones, era Esmeralda, la culpable de haber conocido la cárcel esa noche, la mujer al ver un hombre acercarse, corrió hacia la orilla y rápidamente se vistió.
---Faustino le gritó --Espera soy yo, Faustino, nos conocimos en el baile.
Se detuvo, sonrío, pero no le dio la cara, Faustino se le acerco, la abrazo por la espalda y le susurró al oído,
--quieres venir conmigo al rancho.--
La mujer asintió, agarro su mano y caminaron juntos hacia el caballo, le
pareció curioso que está llevará el pelo alborotado sobre el rostro y no dejará
ver claramente sus facciones, pero pudo mas la lujuria, al llegar al caballo;
el animal relincha, cabecea y retrocede, trata de esquivar a la pareja, pero
estando atado a un árbol de guarumo le es imposible huir, empezó a bufar y dar
vueltas a través del árbol, Faustino lo toma por la rienda.
---tooooo---tooooo---- ¿que te pasa?-- le da palmadas para calmarlo,--
no
seas payaso y respeta a la dama...
---toooooo--- ---toooo----
El caballo relincha, resopla con furor, se encabrita, pero Faustino no
dedujo nada; lo agarro fuertemente de las riendas y lo montó, no supo como pero
la mujer ya estaba encaramada en ancas, y lo tomó fuertemente por la cintura;
el caballo corre desbocado, Faustino no lo podía detener, a medio camino sintió
olor a muerto, se percato de las tremendas
uñas que se le clavan en la cintura, unos filosos dientes en su nuca, una
terrible pestilencia se apodero del ambiente, el caballo seguía desbocado,
tratando de sacudirse la carga macabra, al llegar a un claro de la vereda, la
luz de la luna alumbra en todo su esplendor, Faustino clava la mirada hacia abajo y ya no vio aquellos delicados
pies, sino una garras de tecolote, metida en los ijares del animal, en su
abdomen unas manos llenas de arrugas, con tremendas uñas encarnadas en su
panza, sintió, por la espalda resbalándole la baba que soltaba el terrible
engendro, al mirar atrás su espanto fue mayor al ver transformado aquel bello
rostro en una careta cadavérica, con tremendos ojos rojos saltones, dientes y colmillos
tártaros y pestilentes que le sonreían, y aquellos descomunales pechos que caían
mas abajo de la montura, Faustino pego un tremendo grito que resonó por todos
los cerros.
--Dios mío, líbrame, esta es LA SIGUA.....
Trato de deshacerse de ella dándole azotes con la rienda en la espalda
pero lo único que consiguió fue que la siguanaba clavará sus dientes y las uñas
en su espalda. Una risa venida de ultratumba le resonó en los oídos, un
terrorífico frío se apoderó de su cuerpo, los pelos se le erizaron, (incluso
puede jurar que los del caballo también), la risa no cesaba, su cuerpo se iva
debilitando, el caballo seguía desbocado, de pronto recordó que llevaba un puro
en la bolsa de la camisa, lo había curado precisamente para la ocasión, lo saco,
lo mordisqueo, empezó a mascar y rebozar en todo su cuerpo y el de su caballo,
de pronto solo sintió unas uñas como navajas desgarrando su camisa por la
espalda, y la risa infernal se fue disolviendo a lo lejos, cada vez mas
lejos... solo quedo en su cabeza como un eco.
***
***
Faustino no recuerda como llego a su casa; paso una semana con fiebre
alta, diciendo incoherencias, la curandera le hizo los baños para espantar a
los malos espíritus, fue sanado de su alma, su cuerpo, su casa y su caballo. Ya
recuperado les narra su historia para que no les suceda lo mismo, el picaflor aprendió
la lección, ahora solo piensa en casarse y formar un hogar.
Un cuento de: Edgardo Reyes
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El Salvador
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miércoles, 25 de enero de 2012
SEMOS MALOS
Loyo
Cuestas y su «cipote» hicieron un «arresto», y se «jueron» para Honduras con el
fonógrafo. El viejo cargaba la caja en la bandolera; el muchacho, la bolsa de
los discos y la trompa achaflanada, que tenía la forma de una gran campánula;
flor de «lata» monstruosa que «perjumaba» con música.
-Dicen
quen Honduras abunda la plata.
-Sí,
tata, y por ái no conocen el fonógrafo, dicen...
-Apurá el
paso, vos; ende que salimos de Metapán trés choya.
-¡Ah!, es
que el cincho me viene jodiendo el lomo.
-Apechálo,
no siás bruto.
«Apiaban»
para sestear bajo los pinos chiflantes y odoríferos. Calentaban café con ocote.
En el bosque de «zunzas», las «taltuzás» comían sentaditas, en un silencio
nervioso. Iban llegando al Chamelecón salvaje. Por dos veces «bían» visto el
rastro de la culebra «carretía», angostito como «fuella» de «pial». Al
«sesteyo», mientras masticaban las tortillas y el queso de Santa Rosa, ponían
un «fostró». Tres días estuvieron andando en lodo, atascado hasta la rodilla.
El chico lloraba, el «tata» maldecía y se «reiba» sus ratos.
El cura
de Santa Rosa había aconsejado a Goyo no dormir en las galeras, porque las
pandillas de ladrones rondaban siempre en busca de «pasantes». Por eso, al
crepúsculo, Goyo y su hijo se internaban en la montaña; limpiaban un puestecito
al pie «diún palo» y pasaban allí la noche, oyendo cantar los «chiquirines»,
oyendo zumbar los zancudos «culuazul», enormes como arañas, y sin atreverse a
resollar, temblando de frío y de miedo.
-¡Tata:
brán tamagases?...
-Nóijo,
yo ixaminé el tronco cuando anochecía y no tiene cuevas.
-Si juma,
jume bajo el sombrero, tata. Si miran la brasa, nos hallan.
-Sí,
hombre, tate tranquilo. Dormite.
-Es que
currucado no me puedo dormir luego.
-Estírate,
pué...
-No
puedo, tata, mucho yelo...
-¡A la
puerca, con vos! Cuchuyate contra yo, pué...
Y Goyo
Cuestas, que nunca en su vida había hecho una caricia al hijo, lo recibía
contra su pestífero pecho, duro como un «tapexco»; y rodeándolo con ambos
brazos, lo calentaba hasta que se le dormía encima, mientras él, con la cara
«añudada» de resignación, esperaba el día en la punta de cualquier gallo
lejano. Los primeros «clareyos» los hallaban allí, medio congelados,
adoloridos, amodorrados de cansancio; con las feas bocas abiertas y babosas,
semiarremangados en la «manga» rota, sucia y rayada como una cebra.
Pero
Honduras es honda en el Chamelecón. Honduras es honda en el silencio de su
montaña bárbara y cruel; Honduras es honda en el misterio de sus terribles
serpientes, jaguares, insectos, hombres... Hasta el Chamelecón no llega su ley;
hasta allí no llega su justicia. En la región se deja -como en los tiempos
primitivos- tener buen o mal corazón a los hombres y a las otras bestias; ser
crueles o magnánimos, matar o salvar a libre albedrío. El derecho es claramente
del más fuerte.
Los
cuatro bandidos entraron por la palizada y se sentaron luego en la plazoleta
del rancho, aquel rancho náufrago en el cañaveral cimarrón. Pusieron la caja en
medio y probaron a conectar la bocina. La luna llena hacía saltar «chingastes»
de plata sobre el artefacto. En la mediagua y de una viga, pendía un pedazo de
venado «olisco».
-Te dijo
ques fológrafo.
-¿Vos bis
visto cómo lo tocan?
-iAjú!...
En los bananales los ei visto...
-¡Yastuvo!...
La trompa
trabó. El bandolero le dio cuerda, y después, abriendo la bolsa de los discos,
los hizo salir a la luz de la luna como otras tantas lunas negras.
Los
bandidos rieron, como niños de un planeta extraño. Tenían los «blanquiyos» manchados
de algo que parecía lodo, y era sangre. En la barranca cercana, Goyo y su
«cipote» huían a pedazos en los picos de los «zopes»; los armadillos habíanles
ampliado las heridas. En una masa de arena, sangre, ropa y silencio, las
ilusiones arrastradas desde tan lejos, quedaban abonadas tal vez para un sauce,
tal vez para un pino...
Rayó la
aguja, y la canción se lanzó en la brisa tibia como una cosa encantada. Los
cocales pararon a lo lejos sus palmas y escucharon. El lucero grande parecía
crecer y decrecer, como si colgado de un hilo lo remojaran subiéndolo y
bajándolo en el agua tranquila de la noche.
Cantaba
un hombre de fresca voz, una canción triste, con guitarra.
Tenía
dejos llorones, hipos de amor y de grandeza. Gemían los bajos de la guitarra,
suspirando un deseo; y desesperada, la «prima» lamentaba una injusticia.
"Cuando
paró el fonógrafo, los cuatro asesinos se miraron. Suspiraron…
Uno de
ellos se echó llorando en la manga. El otro se mordió los labios. El más viejo
miró al suelo barrioso, donde su sombra le servía de asiento, y dijo después de
pensarlo muy duro:
- Semos
malos.
Y
lloraron los ladrones de cosas y de vidas…"
CUENTOS
DE BARRO --SALARRUE--
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